jueves, 31 de octubre de 2013

Cerveza Villa General Belgrano

Rubia

Bueno empezamos con la cata de esta cerveza. La compré, su nombre mismo lo indica, en Villa General Belgrano. Lo hice con bastante expectativas porque uno siempre busca alentar la producción artesanal y cuando hay cervezas que no se conocen, lo mejor es probarlas para obtener una conclusión valorativa. Pero en Villa General Belgrano me parece que ocurre algo curioso: me da toda la impresión de que hay gente que se lanzó a vender cerveza artesanal (dado el auge del turismo en la zona del Valle de Calamuchita) sin tener la más pálida idea o, lo que es peor, encargando la producción a un tercero, descuidando -así- los parámetros de calidad necesarios para vender un producto. Es el caso de esta cerveza. Tomé una rubia y una negra, ambas de 5% de volumen de alcohol supuestamente. En verdad, de ambos estilos puedo rescatar la duración de la espuma en el vaso o en la copa y tal vez el color. Es decir, la apariencia. En cuanto al roma, el gusto, el retrogusto y la impresión general, ni vale la pena mencinar los defectos. La rubia, a lo sumo, si se tomara bien pero bien helada podría pasar. Pero la negra la terminé sólo para hacer valer los pesos que me costó. Nada más. Ni para una combinación de ninguna comida. Por favor si van a Villa General Belgrano, traten de comprar cervezas que sea mejores que esta. Saludos.  
Negra

viernes, 27 de septiembre de 2013

Funny Games - Michael Haneke

Funny Games
Título original: Funny Games
Año: 1997
Director: Michael Haneke
País: Austria
Guion: Michael Haneke
Reparto: Susanne Lothar, Ulrich Mühe, Arno Frisch, Franf Giering
Género: Thriller

Un matrimonio tipo europeo, Anna y Georg, adinerados pero no millonarios, deciden ir a vacacionar a su casa de campo, al lado de un hermoso y tranquilo lago, junto a su hijo Georgie. Son, además, una familia culta que se divierten -la primera secuencia ya nos muestra explícitamente esto- jugando a las adivinanzas en relación con qué obras de música clásica se corresponden con qué compositores e intérpretes de las mismas. Al llegar se cruzan con sus vecinos Fred y Eva a quienes perciben acompañados de dos jóvenes desconocidos, y quedan para jugar al golf al día siguiente. En tanto padre e hijo van organizando y armando el velero para navegar, la mujer comienza a organizar la rutina culinaria. Es allí cuando inoportunamente llega Peter, uno de los jóvenes huéspedes de los vecinos para pedirle a Anna un par de huevos. Ese será el inicio del calvario de esta familia. Anna se pone incómoda porque Peter rompe los huevos, aparentemente de modo accidental, en reiteradas ocasiones, previendo que el hecho no es espontáneo sino planificado. Pero Peter muestra ser muy educado. Así aparece Paul en escena quien se desconcierta por el "desubicado" pedido de Anna de que se retiren de su hogar. Cuando Georg llega a casa comienzan los "divertidos juegos" de Paul y Peter con la burguesa familia. La apuesta es que ningunos de los tres seguirá vivo al otro día a la mañana. Y lo que el espectador, que Haneke decide volverlo cómplice de estos dos psicóticos, comienza a percibir es el maltrato físico y psicológico al que someten a Anna, Georg y Georgie. La complicidad se atisba cuando Paul le habla a la cámara como si estuvieran hablando con nosotros al estar sentados frente al televisor. Y eso genera una situación de incomodidad, de escándalo emocional, de perturbación que nos penetra y carcome cual taladro insoportable. La película se vuelve insoportable, pero no porque sea extremadamente sangrienta sino porque no podemos soportar lo asfixiante de la situación que atraviesa esta familia ni la frivolidad ni la crueldad con la que los psicópatas se mueven y actúan; y porque nos hemos vuelto cómplices del horror. Y volverse cómplices es aceptar que hay de lleno una violencia mediática sanguinolenta a la que nos hemos acostumbrado que, cuando es trabajada con pausas, con planos realistas y donde el tiempo parece no pasar nunca, se vuelve fatal e intratable. Destaco magistralmente una secuencia en la que se ve a Georg tirado detrás de un sofá y a Anna arrodillada con las manos atadas, cuando Paul y Peter han salido de su hogar. Esa escena dura aproximadamente unos tres minutos en los que no pasa nada, no hay movimiento ni sonido, los actores/personajes han quedado paralizados, inmutables a ese contexto. Es increíble lo incómodos que podemos sentirnos aún a sabiendas que estamos visualizando un producto de ficción. De verdad una película súper impactante.  

viernes, 20 de septiembre de 2013

El señor de las moscas - William Golding

El señor de las moscas
Conmemorándose ayer 19 de septiembre el nacimiento de William Golding, premio Nobel de Literatura en 1983, aprovecho para reseñar esta novela que leí vorazmente. Curiosidades de lector: confieso ser un fanático de la serie Lost y a cada momento que fui leyendo esta magnífica obra literaria de Golding (más allá de conocer el argumento central), más los recuerdos se acercaban a la serie televisiva. Coincidencia -o no- incluso de que uno de sus personajes principales, erigido en líder (aunque un liderazgo negativo a diferencia de Lost), se denomine Jack. La trama de El señor de las moscas es la de un grupo de adolescentes, púberes e incluso niños británicos cuyo avión choca y naufragan en una isla desierta del Pacífico, sin la presencia de ningún adulto. Salvedad: si ven la película de 1990 dirigida por Harry Hook nos damos cuenta que la transposición cinematográfica no es fiel al libro en este sentido. Este hecho lleva a que los niños rápidamente deban organizarse socialmente cual si fueran adultos, apelando -en un comienzo- a herramientas democráticas en el uso de la palabra en asambleas (a través de un instrumento de poder representado en una gran caracola que emite un sonido poderoso), la elección de un líder, la distribución de las tareas y el ejercicio del poder. Pero son niños. Esto es, rápidamente los grupos comienzan a dejar de cumplir sus funciones asignadas para distraerse con diversiones y juegos. Pero lo que, al principio, parece un juego no lo es. Y esto lo advierte Piggy, personaje que representa un aire de madurez y sabiduría en cuanto a la toma de decisiones pero su constitución física (es un niño obeso y corto de vista) y el temor lo vuelven sumamente vulnerable. Piggy se ampara, la mayor parte de las veces, en Ralph, uno de los púberes mayores a quienes la mayoría ha votado para convertirse en líder, frente a la figura del mencionado Jack. Jack será, justamente, el encargado de cuidar y mantener viva la hoguera que los niños hicieron con los anteojos de Piggy, pero rápidamente olvidará su rol y el de sus subordinados para inclinarse por la caza de un jabalí. ese es, entre otros puntos secundarios, el momento de inflexión que dará un giro rotundo en la obra. Haber cazado un jabalí y ser consciente de la posibilidad de matar, le otorga a Jack otro status, otro poder, otra fuerza que ni él ni nadie imaginaba. Claramente desde este punto se abrirá la brecha entre dos grupos bien diferenciados y marcados: los que seguirán apostando al diálogo como forma de solucionar los conflictos, a la toma de decisiones conjuntas y a la racionalidad, apoyados en la figura de Ralph; y el salvajismo, la espontaneidad e incluso la irracionalidad obtenida por el poder desmesurado, apoyados en la figura de Jack. Esta dicotomía de fuerzas recuerda mucho a la dualidad de lo apolíneo y lo dionisíaco que Nietzsche mostraba en El nacimiento de la tragedia
Son múltiples los interrogantes filosóficos/sociológicos que pueden desprenderse de esta gran novela. ¿Es necesaria la ética para organizarse socialmente? ¿Cuáles son los límites del poder? ¿Qué pasa en una sociedad cuando sus miembros comienzan a transgredir las normas autoimpuestas? ¿Es verdad que no podemos prescindir de los otros para vivir? ¿Pero no resulta curioso, además, que no podemos soportarlos? ¿Es el hombre el lobo del hombre como sostenía Hobbes? ¿O bien la naturaleza humana es solidaria y el unirse en grupo lleva al egoísmo? Son muy pocos de la cantidad innumerable de interrogaciones que pueden derivarse de esta novela rica, simbólica, atrayente, de una crueldad y dureza que nos deja apelmazados cuando reflexionamos sobre la condición humana. Excelente relato.  

miércoles, 28 de agosto de 2013

Cerveza Paulaner Hefe-WeiBbier

Paulaner de trigo
Cerveza Paulaner Hefe - WeiBbier Naturtrüb. Realizada con malta de cebada y malta de trigo, Contenido alcohólico: 5,5%. Origen: Alemania. 
De color ámbar opaco con tonalidades anaranjadas. Encontré poca turbidez (inexistente en realidad casi) para ser una cerveza de trigo, con una claridad envidiable. Cuando incluso su estilo se define así: de "naturaleza turbia". Presenta sedimento en el fondo de la botella con lo cual los cerveceros caseros y microcerveceros nos sentimos a gusto porque sabemos que, incluso, una cerveza industrial e importada tiene ese rasgo. Con la espuma muy persistente (duró varios minutos sin modificarse), densa y de color claro. De gasificación media y nada invasiva. Con respecto al aroma, se nota la presencia de un lúpulo frutado, del caramelo y el tofee y cierto grado de especiado, similar al clavo de olor. Aparece el diacetilo pero sin incomodar el olfato ni el paladar. 
Con respecto al gusto, se nota la mezcla de las maltas de trigo y cebada, con un amargor equilibrado aunque con cierta tendencia hacia la malta más que al lúpulo. 
Impresión general: una cerveza excelente, muy recomendable y dentro de todo accesible por su precio. Para seguir tomándola. Excelente para un día caluroso (aunque beberla a temperatura ambiente en un día templado no viene nada mal) y para maridar con algún salame picantón, una bondiola ahumada y unas tostadas con leberwurst.  A seguir probando cervezas. 

sábado, 24 de agosto de 2013

Mentiras que matan - Dir. Barry Levinson

Mentiras que matan
Título original: Wag the dog
Dirección: Barry Levinson
Guión: Hilary Henkin y David mamet
Música: Mark Knopfler
Elenco: Robert De Niro, Dustin Hoffman, Anne Heche, Denis Leary, Willie Nelson, Kirsten Dunst
Año: 1997
País: EEUU
Género: Drama

Once días antes de las elecciones en la que planea candidatearse para ser reelecto, descubren que el presidente de EEUU es denunciado por acoso sexual por una pequeña niña exploradora. Frente a semejante escándalo en puerta, contratan a uno de sus consejeros, Conrad Bean, quien -al mismo tiempo- requiere del talento de un productor de Hollywood para solucionar el problema. ¿De qué manera? Inventando una guerra en Albania en la que EEUU interviene y el presidente del país pueda terminarla heroicamente delante de todas las cadenas televisivas del país. Este argumento, para nada descabellado ni alejado de la realidad, busca generar las dudas en el espectador -como muchas otras películas lo han hecho- acerca de qué es lo que los medios nos venden. En este caso, además, está más que claro el concepto de videocracia de Sartori y el de la estetización de la política de Benjamin. La política se ha transformado en una cuestión de imagen y el efecto de la imagen lo produce, inevitablemente, el mensaje de los medios. Además esta película nos permite pensar en toda la parafernalia construida alrededor de la información y de la construcción/manipulación de la realidad a partir de los medios de comunicación. 
¿Cuál es la función de los medios de comunicación, informar o desinformar? ¿Cómo puede un medio de comunicación determinar la opinión pública y hasta qué punto es ético hacerlo? ¿Puede desentrañarse la estrecha relación entre el poder político y los medios de comunicación? Algunos interrogantes para pensar a partir de este genial filme. No me gusta tanto hablar de los actores, pero chapeau para Dustin Hoffman.   

domingo, 14 de julio de 2013

La edad de la duda - Andrea Camilleri

La edad de la duda
Llega un momento en la vida del ser humano en que muchas de las certezas sobre las que ha apoyado su existencia comienza a ponerse en tela de juicio. Ineludiblemente nos pasa, nos pasó o nos pasará a todos. Es, uno de esos momentos, la cristalización más sana de nuestra capacidad de filosofar. Algo así le pasa Salvo Montalbano, el rústico comisario de esa pequeña ciudad de Sicilia en la que los pormenores en relación con su tarea no acaban. Confieso que es el primer libro que leo de este viejo escritor italiano y me ha cautivado. Evidentemente la serie de policiales negros sobre Montalbano tiene muchos libros más que iré, seguramente, leyendo de a poco. La rusticidad aurática del personaje no tiene que ver con su hombría, su rudeza, su porte físico, su trato duro para con los criminales, sino con una extraña muletilla orgánica: cada vez que Montalbano se confunde, no puede responder una pregunta, se pone triste, medita ingeniosamente una cuestión o pierde el tiempo, se da uno que otro atracón de comida en la trattoría de Enzo. Y siempre es tal la cantidad de comida ingerida que debe procurarse una larga caminata sobre el puerto para fumarse un par de cigarrillos. En esta ocasión, además, las caminatas son buenas razones para tratar de indagar, con mayor precisión y profundidad, el enigmático caso de un hombre que fue asesinado y encontrado en un bote inflable por el velero Vanna, que lo tiene a él como responsable y no a la policía marítima. El misterio sobre Vanna lo suscitará una mujer, aparentemente inútil e inofensiva, que circunstancialmente se cruza en el camino de Montalbano y que, casualmente, porta el mismo nombre del velero: Vanna Digiulio. A partir de allí asistimos al interesante modo de desentrañar el asunto que tiene Montalbano y las dudas que van in crescendo respecto de la relación que mantiene con Livia. Relación que tambalea por la aparición, precisamente, de la teniente Laura Belladonna de quien Montalbano se sentirá profundamente atraído rozando, casi, el enamoramiento juvenil. Pero el amor, como casi todo en la vida, se trata -ni más ni menos- que de las elecciones que vamos haciendo. Una novela hermosa, atractiva, fácil de leer, divertida y con algunas joyitas como algunos monólogos del protagonista y el lenguaje de uno de sus asistentes. Excelente libro y vamos por más aventuras de Montalbano.  

martes, 9 de julio de 2013

Cerveza Guinness negra

Guinness
Lo primero que llama la atención de esta cerveza irlandesa de 4,2 % de alcohol, es la poderosa retención de la espuma. Duró varios minutos y tenía una consistencia bien cremosa. Su color es marrón claro gracias a la cebada tostada que se utiliza.
El color de la cerveza es negro opaco, muy oscuro con levísimo haz de colorado. Su gasificación media y adecuada.
Con respecto al aroma, aparecen los aportes del café, pan tostado, tofee, caramelo y nueces. Tal vez con un poquito de diacetilo (como manteca) pero que no molesta. No hay presencia de lúpulo aromático en el aroma.
El gusto es intenso, seco, con un amargor pronunciado y combinación moderada de lúpulo y malta. Es notable la presencia de la cebada tostada y de lúpulo amaderado (en el gusto). De retrogusto inclinado al café y -quizás, aunque en menor medida- a cacao amargo.
Como impresión general, diría que es una cerveza muy buena, un clásico dentro de las negras importadas. Quienes tuvimos la suerte, alguna vez, de estar en Irlanda, sabemos que una Guinness tirada en un pub es incomparable con esta botellita comprada en Argentina. De todos modos, es una excelente medida para comparar con cualquier cerveza industrial negra que se hace en nuestro país, y formarse una idea apropiada de lo que es una cerveza negra, y no ese jarabe dulce y artificial que se impone en el mercado de consumo.
Ideal para combinar con el postre que denomino “Frutos tentación”. Usen frutas de estación como banana, pera y manzana (los cítricos también vienen muy bien); pongan en una sartén grande manteca a derretir, bastante azúcar y las frutas; saltear uno o dos minutos y agregar ron cubano para flambear por un minuto más. Terminar espolvoreando con canela y cacao. Prueben maridando este postre con la cerveza. Ideal para el invierno que se viene. No digan que no les avisé.