jueves, 10 de abril de 2014

Cerveza Barbaroja Floral

Barbaroja Floral
La cerveza Barbaroja se produce en Escobar, provincia de Buenos Aires, y producen la friolera de 13 estilos de cerveza distintos. En su etiqueta no provee datos de su porcentaje en alcohol pero sí pueden encontrarlo en su página web (www.barbaroja.com). Este estilo, entonces, posee supuestamente 3% de alcohol. Presentó en el vaso un color caoba claro con tonalidades doradas y rojizas. Muy bien clarificada y con poco sedimento en el fondo. La espuma tenía muy buena retención y un color adecuado al de la cerveza, con dejos de marrón claro. Una importante gasificación pero para nada molesta. Su aroma combina elementos florales y frutales con reminiscencia a frambuesa, frutilla y durazno. Un tono aromático muy dulce, con un dejo floral apenas perceptible, pues se halla rebasado por el aroma a fruto, tirando a chicle.
Digamos que hasta acá, en general, todo bien. Ahora, al probar la cerveza se desvanece toda chance de volver a repetir esta cata. El gusto es -literalmente- a jarabe de niño. Una artificialidad abominable. Apenas se logra captar algo de malta caramelo pero invadido por ese gusto dulce empalagoso. No se siente nada, pero nada del amargor que debería tener una cerveza y el lúpulo brilla por su ausencia. 
El entusiasmo por el color, la contextura y el aroma se derrumbó completamente con el gusto. Con un retrogusto molesto. 
Impresión general: mala, muy mala cerveza. ¿Puede llamarse cerveza? No recomendable bajo ningún aspecto, ni para combinar con nada. 

sábado, 15 de marzo de 2014

El imaginario mundo del Dr. Parnassus - Dir. Terry Gilliam

Parnassus
Título original: The Imaginarium od Doctor Parnassus
Origen: Reino Unido
Director: Terry Gilliam
Año: 2009
Guion: Terry Gilliam y Charles Mckeown
Reparto: Heath Ledger, Christopher Plummer, Colin Farrell, Jhonny Depp, Jude Law, Lyli Cole, Andrew Garfield, Tom Waits. 
Género: fantástico y aventuras

El barroco que ilustra los paisajes surrealistas del interior del circo -decadente y de poca monta- del Doctor Parnassus llama poderosamente la atención. Y es que Terry Gilliam no ahorra ni malgasta recursos para generar una película de una tremenda potencia visual. En general el filme ha recibido críticas negativas, duras e incluso injustas por considerarlas una obra menor. No es así desde mi humilde perspectiva. Me parece que toda esa magia virtual de los espacios surrealistas, sumados a un vestuario de primera calidad, complementan un relato que, si bien puede tener un ritmo a veces lento por tratarse de una película de aventuras, promete la búsqueda de una reflexión profunda acerca de los deseos y tentaciones más "viles" del ser humano. Y Terry Gilliam decide mostrar esos aspectos de humanidad mediante una historia cuasi mística de contextos propios del panpsiquista Renacimiento pero en plena Londres del siglo XXI. Como anécdota puede contarse que fue la última producción -incompleta- de Heath Ledger antes de morir y que, debido a su fatídico final, su rol se reemplaza por Jude Law, Jhonny Depp y Colin Farrell con personajes que aparecen en distintos contextos oníricos. La historia muestra al diablo que viene a cobrarse una vieja apuesta que hizo con el Doctor Parnassus quien había prometido entregar a su hija cuando adolescente. Parnassus ofrece un espectáculo circense en el que el espectador puede ingresar a sus propias fantasías y a sus deseos más oscuros, bajo el peligro de no poder volver a ser el mismo. Pero la aparición del amnésico y estafador Tony hacen que el destino y el futuro del circo, de Parnassus y de Valentina cambien. Toda esa trama bajo sucesivas escenas oníricas y desopilantes acciones.
Verdaderamente uno muchas veces trata de mostrar el potencial de la creatividad surrealista y la visualización de cuadros no alcanza para ilustrar ese potencial. En cambio, y de allí el valor de este filme, todo ese poder, esa imaginación propia del automatismo psíquico y del inconsciente humano se despliegan en esta brillante película. Con actuaciones muy buenas y un guion super interesante.

viernes, 28 de febrero de 2014

Si esto es un hombre - Primo Levi

Si esto es un hombre
Primo Levi nació el 31 de julio de 1917 en Turín (Italia), en el ocaso de la primera Guerra Mundial, de tan nefastas consecuencias para los países europeos, en general. Las luchas políticas, las discusiones y escisiones partidarias, el exilio, la muerte, la cárcel a los opositores políticos y al amplio arco antifascista (fueran dirigentes sindicales, escritores, políticos, hombres de cultura en general) caracterizó y atravesó la niñez del escritor italiano.  
Este libro abre la trilogía -a la que se suman La Tregua y Los hundidos y los salvados-  que Primo Levi dedicó a los campos de concentración nazis, manifestando un testimonio austero, objetivo y veraz del horror de la realidad que le tocó vivir. El libro fue forjado a partir del pensamiento del autor durante los monstruosos días en Auschwitz, donde su principal meta era sobrevivir a esa situación para poder develar al mundo lo siniestro que allí ocurría. Por ello mismo, este relato tiene para el autor un sentido de “liberación interior” que responde a la exigencia propia de satisfacer el impulso y la necesidad de hacer que “los demás” supiesen y tomen conciencia del inquietante mundo de los campos de destrucción.
Ya en la presentación misma del libro, Primo Levi sostiene que más que agregar nuevos datos, realizar nuevas acusaciones o formular nuevos cargos, su intención se relaciona con proporcionar documentación que sirva para hacer un estudio de algunos aspectos del alma humana. Esta intencionalidad intenta responder, fundamentalmente, a la problemática de la xenofobia en el mundo contemporáneo, pensamiento que, conciente o inconcientemente, individuos y pueblos mantienen, y cuya representación más clara son los campos de concentración nazis. Cuando este pensamiento llega, “cuando el dogma inexpresado se convierte en la premisa mayor de un silogismo, entonces, al final de la cadena está el Lager. Él es el producto de un concepto del mundo llevado a sus últimas consecuencias con una coherencia rigurosa: mientras el concepto subsiste las consecuencias nos amenazan. La historia de los campos de destrucción debería ser entendida por todos como una siniestra señal de peligro”. (p. 10)
Si bien la estructura del texto tiene un carácter fragmentario puesto que la escritura de sus capítulos no responde a una sucesión lógica sino más bien a la urgencia por rememorar situaciones, la narración conserva un orden expresado de una manera muy inteligente por el autor ya que logra que el lector pueda hacerse presente los hechos que allí se manifiestan, de una manera muy objetiva, pese a la cual no deja de horrorizar a quien lee esas líneas.      
El relato marca el inicio del “viaje” a ese lugar desconocido, de barbarie, lugar en el que deliberadamente los nazis mezclaron culturas, lenguajes, experiencias y vidas atravesadas por el odio y la crueldad. Primo Levi realiza descripciones muy bien logradas y sumamente detalladas sobre los trabajos forzados -y prácticamente inútiles- a los que eran obligados a realizar los Häftlinge. Desde la entrada en el campo de exterminio, los hombres pierden su particularidad, su individualidad, su nombre y apellido, para pasar a ser un número más de la endemoniada estructura nazi. Así lo muestra Levi cuando relata que “Me llamo 174517; nos han bautizado, llevaremos mientras vivamos esta lacra tatuada en el brazo izquierdo” (p. 41).    
Hay una serie de rasgos que caracterizan al Lager y a los SS a los que Primo Levi no puede explicar porque son cuestiones complejas. Por un lado, tenemos el orden y la obediencia. Pueden conjeturarse diversos motivos por los que los nazis eran obsesivos por estas cuestiones, pero Levi nos hace saber que los secuestrados explican las acciones de los alemanes porque responden a una estructura aún más poderosa y organizada de la cual acatan órdenes y que ellos las cumplen sin prejuicios y con total convencimiento de lo que hacen. En segundo lugar, la antinomia vida-muerte cobra vigencia en el relato del autor. Éste nos muestra cómo la muerte puede representar, en algunos casos, una salida o una esperanza ante la tragedia a la que está supeditada la vida de aquel que perdió todo: sus ropas, sus familias, sus costumbres, su dignidad, su juicio, y cuyo resultado se reduce al sufrimiento y a la pérdida de sí mismo, al punto de “yacer en el fondo”(p. 40). Por último, se encuentra el tema de los ritos. Cada nueva experiencia que Levi narra, supone un proceso de inserción en un nuevo orden, proceso que puede ser caracterizado como un rito iniciático -grotesco y sarcástico- dentro de los campos de concentración “sagrados” y en el que, paradójicamente, todo está prohibido pues esa es la finalidad a la que responde la creación de los mismos.
El texto de Primo Levi nos va llevando por descripciones de la vida en general en el Lager, mostrando cómo ese joven que ingresó siendo un poco ingenuo, carente de juicio, con una decidida inclinación -lógicamente contraria a la ideología nazi- y nada de experiencia, se las arregla para sobrevivir en ese mundo en el que todo es nuevo y en el que la esperanza de vida está limitada por una mera orden. De este modo, el argumento está atravesado por precisas e inteligentes reflexiones antropológicas y morales, que hacen cuestionar la organización social nazi y su correspondiente aparato ideológico-político, ligado a un fundamento metafísico mediante el cual los alemanes realizaban sus atroces actos.  
El final del horror se acerca cuando Levi relata cómo los nazis comienzan a abandonar los campos cuando las Fuerzas Aliadas se aproximan a Auschwitz, lo que provoca la alegría, la esperanza de la salvación, pero en donde también se manifiesta que así como algunos son los “salvados” hay otros que son los “hundidos”. La miseria humana, la indiferencia, la codicia, la intolerancia también son disvalores a los que los seres humanos estamos sujetos y en los que podemos incurrir, en situaciones como las que cuenta el autor.

Finalmente, el libro presenta un apéndice redactado recién en el año 1976, en el que Levi responde a una serie de preguntas que durante el tiempo transcurrido desde que fue liberado hasta ese momento le han ido formulando, y que prácticamente se han ido repitiendo sistemáticamente. Las respuestas que da Levi a esas preguntas no tienen desperdicio alguno. Por ejemplo, sobre su rencor hacia los nazis o si los ha perdonado, sobre si los alemanes y los aliados sabían lo que ocurría, sobre si hubo prisioneros que pudieron escapar, sobre el odio fanático de los nazis por los judíos, etc. Estas cuestiones realmente develan la objetividad con la que libro fue escrito, lo que lo hace un documento importantísimo y fundamental para la toma de conciencia del genocidio nazi y sus consecuencias. Como dice el autor: “para escribir este libro he usado el lenguaje mesurado y sobrio del testigo, no el lamentoso lenguaje de la víctima ni el iracundo lenguaje del vengador” (p. 303). El libro es realmente útil no sólo a un público especializado, sino también a un público en general. Es fácil comprender el estilo del autor y resulta muy interesante para realizar un estudio crítico sobre diversas cuestiones relacionadas con la ética, la antropología, la psicología, la historia, etc. Los conceptos de libertad, igualdad y fraternidad se añoran al momento de penetrar en la brillante obra de Levi, referencia indispensable para adentrarse en el tremendo mundo de los campos de concentración. Su lectura nos devuelve la frágil satisfacción y reflexión personal de vivir en una sociedad democrática en la que “el otro” no es objeto de odio ni un blanco a derribar, sino que es un igual a mí mismo. 

viernes, 21 de febrero de 2014

Cerveza La Trappe - Dubbel y Tripel

Dubbel
Dicen que tomarse una cerveza de abadía es como una experiencia religiosa. La denominación de "abadía" se remonta al proceso y producción de la cerveza llevado a cabo en los monasterios durante la Edad Media y revivido a mediados del siglo XIX, a posteriori de la era napoleónica. La Trappe es una cerveza holandesa, con todos los rasgos de una cerveza belga de abadía. 
La Dubbel es una cerveza negra de 7% de alcohol, preciso para el estilo aunque la graduación alcohólica no se deja sentir caliente en la boca. De color caoba oscuro con destellos de rubí, espuma de la misma tonalidad, cremosa y durabilidad media. Presenta sedimento en el fondo aunque tiene buena claridad. Posee un aroma intenso con notas a tofee, clavo de olor y chocolate negro, conjugación de maltas especiales que se usan. Lúpulo terroso con un dejo a madera tipo pino. En el sabor se le nota el porcentaje de alcohol aunque de manera suave. La combinación de maltas caramelo -con extracto potencial alto- (recordemos que es una dubbel). hacen que tenga un cuerpo compacto, intenso, con reminiscencia a caramelo dulce (como el caramelo que se arma debajo de un flan) pero con un amargor equilibrado. De gasificación media, reconozco que es una cerveza excelente. 
Tripel
La Tripel tiene 8% de alcohol y está aromatizada con coriandro. Su color es ámbar claro, con destellos de dorado intenso, muy clara y límpida y con sedimento en el fondo. Espuma de un marrón blanquecino apenas clarito y muy cremosa y duradera. El alcohol, a pesar de ser mayor en volumen, se siente menos que la Dubbel. 
De aroma fresco, frutal, con notas a cítricos, manzana verde y banana, propios de los lúpulos. Apenas se nota la presencia del coriandro, muy suave pero bien equilibrado con el resto de los aromas que se complejizan en la boca. Con respecto al sabor, es muy notable la presencia de las maltas belgas que denotan un sabor que comienza dulzón con un retrogusto amargo espectacular. Es una cerveza efervescente con terminación seca. Gasificación de media a alta, clave para el estilo. Como impresión general, también me parece una cerveza excelente. Tomar estas cervezas es una inversión que da rienda suelta al placer más que un gasto. Vale mucho la pena.  
Para maridar, combinaría la Tripel con un cerdo al horno que tenga una salsita agridulce. De postre acompañaría la Dubbel con una buena receta de tiramisú. Y después me cuentan qué tal!!!

sábado, 25 de enero de 2014

El lector - Dir. Stephen Daldry

El lector
Título original: The reader
Dirigida por: Stephen Daldry
Año: 2008
Duración: 123 minutos
Guion: David Hare, basado en la novela de Bernhard Schlink
País: EEUU
Reparto: Kate Winslet, David Kross, Ralph Fiennes, Bruno Ganz, Lena Olin, Alexandra Lara, Linda Bassett.
Música: Nico Muhly

He visto muchas películas que plantean la cuestión del Holocausto y las personas que intervinieron, directa o indirectamente, en los sucesos -mínimos o grandilocuentes- que afectaron su desarrollo. Y, por ello mismo, hubo muchas maneras de contar aquel terrible sufrimiento que abrió una grieta en el suelo de la historia. Aclaro que no he leído la novela de Schlink, por ello sólo puedo dar mi apreciación de esta película. Pero la elección que hace Daldry para contar esta historia me pareció fabulosa, pues logra pergeñar un melodrama no exento de dilemas morales, prohibiciones sociales, tabúes, juicios de valor y conflictos sin solución que, pienso que indefectiblemente, interpelan al espectador y lo afectan de tal manera que el proceso de identificación con los personajes fluctúa de modo constante.
El contexto es éste: en la devastada Alemania posterior a la Segunda Guerra Mundial, el adolescente Michael Berg es auxiliado a la salida de su escuela por una mujer que lo dobla en edad y, por lo tanto, en experiencia. Una mujer que, sin serlo, tiene espíritu de madre. Ella misma, Hanna Schmitz, se sorprende cuando Michael vuelve a compensar la ayuda brindada por la mujer. Las provocaciones, las insinuaciones, los silencios y las miradas de reojo serán la génesis de una relación amorosa, de despertar recíproco: un despertar sexual del joven adolescente, y un despertar hacia el mundo de la lectura de la experimentada mujer. En efecto, además del sexo, la pasión que da sentido a esta insospechada -y prohibida- pareja es la lectura. A veces antes, a veces después de hacer el amor, Michael lee en voz alta a Hanna. Y asistimos a unas secuencias que van de la risa al llanto, de la tragedia al drama, propios del contenido de los libros leídos. Se experimenta, casi en carne propia, el placer y los resultados de la lectura. Pero empezamos a sospechar, con fundamento, porqué siempre lee Michael. Y recordamos que en alemán la novela se titula Der Vorleser, literalmente "El lector en voz alta". La humanidad de los personajes, lo idílico de la relación, la idealización de los amantes nos llevan a la identificación de los personajes. Pero hay un punto de quiebre, en este sentido el guion es excelente, a partir del cual Hanna desaparece; y no sabemos porqué. Su razón la conocemos después, cuando Michael es estudiante de Derecho y asiste, junto a su profesor y el grupo de estudiantes, a un juicio en el que se acusa a Hanna de pertenecer a un grupo de mujeres de las SS que tuvieron la responsabilidad de dejar morir a otras mujeres en los campos de concentración. Entonces, esa imagen idílica, esa identificación se rompe, se quiebra en múltiples pedazos que, aparentemente, no podrán recomponerse. Es allí cuando los dilemas morales se abren como capullos recién florecidos aunque, en vez de embellecer nuestros ojos, opacan nuestra mente. Porque intentamos ponernos en los zapatos de Michael. ¿Qué haríamos en esa situación? Máxime cuando su posible intervención podría modificar el destino de Hanna. Entonces, al duelo moral ingresan muchas variantes: el amor, la pasión, el recuerdo, el placer, la felicidad, por un lado; el perdón, la memoria, la historia, la dignidad, el respeto, la conciencia, por otro. Y el tormento inunda las imágenes de este, en definitiva, terrible drama. Realmente Kate Winslet muestra toda la gama de matices de un personaje complejo, ambiguo. Y se muestra bella, realmente bella. Casi inimaginable -por lo menos para mí- que aquella cuasi niña de Titanic se haya convertido en semejante actriz. Y no desentonan ni David Kross, ni Ralph Fiennes, ni Lena Olin a pesar de lo corto de sus participaciones. 
La memoria del Holocausto y su ribetes ético-políticos tiene muchas facetas. Stephen Daldry eligió una que, a mi entender, nos hace pensar profundamente y preguntarnos cuáles son los límites del accionar humano. La lectura, además, funciona -en este caso- como un elemento de redención. Brillante.             

jueves, 16 de enero de 2014

Mirando conceptos. El cine en la enseñanza de la filosofía - Laura Galazzi

Mirando conceptos - Laura Galazzi
Este libro fue publicado por editorial Libros del Zorzal dentro del marco de los títulos de la colección Formación Docente en Filosofía, dirigida por Alejandro Cerletti. A priori, entonces, podría pensarse que es una publicación sólo destinada a quienes nos dedicamos a la enseñanza de la filosofía. Arriesgo a negar la anterior afirmación y espero que esta reseña sirva para justificar mi tesis.
La enseñanza de la filosofía se plantea, en este texto, en relación con los encuentros o desencuentros que pueda tener con el cine. Por ello, original idea de la autora, se divide en cuatro partes: una introducción a modo de preproducción en la que se analiza la estrecha relación (tal vez impensable para algunos escépticos) entre el cine y la filosofía; un primer capítulo o una primera secuencia en la que la enseñanza de la filosofía se despliega mediante el cine de ficción; el segundo capítulo o segunda secuencia tal despliegue se realiza en torno al documental; un epílogo a modo de cierre para reafirmar las tesis centrales planteadas por Laura. Y, a modo de "bonus track" un breve glosario con algunos conceptos propios del lenguaje cinematográfico como para quienes no están aún empapados de esos términos.
A lo largo de este desafío, si se me permite, conceptual-audiovisual, la autora logra acercarse a un nuevo enfoque en lo que respecta a la enseñanza de la filosofía, una visión en la que el docente ya no sea el último eslabón de una cadena jerárquica que comienza con los filósofos (como si los profesores no lo fueran), luego los didactas (los que producen las técnicas adecuadas para enseñar las teorías creadas previamente) y por último el profesor como mero reproductor de lo planteado por las escalas precedentes. Frente a esto, Galazzi propone la tesis de que el docente es, a la vez, profesor, filósofo y didacta. Gran acierto. 
El segundo gran acierto que me interesa rescatar es que la filósofa muestra cómo se puede concebir al cine más allá de un simple recurso didáctico para el aula y se arriesga a evidenciar de qué modo la filosofía puede pensar al cine. Y, con respecto al cine de ficción, me pareció excelente la idea -que a veces encierra prejuicios en contra- de que incluso el cine comercial es objeto de análisis o de reflexión filosófica. Con lo cual, se descarta el hecho de que haya un solo cine para enseñar filosofía, un cine que es exclusivamente "filosófico". Así, bajo un serio sustento bibliográfico, van apareciendo ejemplos para sustentar estas ideas que funcionan, a mi criterio, como excelentes herramientas para su utilización en clase.
Tercer acierto: desarrollar todo un capítulo referido al cine documental y sus modalidades bajo el análisis de tres documentales argentinos sobre la dictadura militar. Laura nos recuerda que también la filosofía, como el cine, están inmersos en el suelo fértil y cambiante de la historia. Y el documental también sirve para revelar alguna líneas filosóficas, en este caso, las referidas a la memoria, la identidad y la construcción del relato histórico. 
Si se pensara que el cine sólo sirve para mostrar y desarrollar cuestiones filosóficas, se estaría menospreciando tanto al cine como a la filosofía. Creo que Laura Galazzi muestra que el cine es de un lenguaje inacabable y, por ello mismo, potable para vincularse con múltiples disciplinas y perspectivas. Por ello, sostengo que este libro sirve muchísimo a los profesores de filosofía, aunque también vendría al pelo para cualquier docente de áreas similares o no. 
De una lectura amena, entretenida y, al mismo tiempo, con profundos conceptos abordados seria y responsablemente, esta publicación se vuelve ineludible para todo profesor de filosofía, y necesaria para docentes de otras ramas. 

sábado, 4 de enero de 2014

Cerveza Waffe

Oktoberfest
Porter Brown
Empiezo la cata de esta cerveza artesanal de Villa General Belgrano, haciendo la advertencia que las tenía en el refrigerador desde hace un año más o menos y que, por lo tanto, algunos parámetros organolépticos pueden haber disminuido con el tiempo, pese a las buenas condiciones de conservación. La Waffe Oktoberfest tiene 5,2% de alcohol que no se sienten tanto, con una espuma volátil, poco durable y de color marrón clarito. Su color presentó notas de marrón claro con tonalidades cobre, aunque no sea el color ideal del estilo, bastante clara y con poco sedimento en el fondo. Un aroma intenso a lúpulo terroso, con notas a caramelo, tofee y manteca. De sabor amargo, careciendo del dulzor de las maltas que caracterizan a una buena cerveza Oktoberfest. Hay un leve dejo de claro de olor interesante. Como impresión general, sostengo que es una buena cerveza, aunque no muy compatible con las características del estilo estandarizadas.
La Porter Brown posee 5% de alcohol que tampoco se notan. Espuma color marrón oscuro, con poca durabilidad. El color negro oscuro, opaco caracteriza esta cerveza. Un aroma con mucha presencia a diacetilo, bloqueando -incluso- el aroma tostado a malta chocolate que debiera tener, y del resto de los aromas (incluido el del lúpulo). En este estilo, ese olor a manteca resulta un pequeño defecto. Me esperaba con el gusto cierta aspereza del amargor pero me encontré con una presencia notable de la malta brown y casi nada de chocolate o café. También un toque dulce de las maltas caramelo, pero el diacetilo realmente predomina. Como dije, el lúpulo de aroma no está y el de amargor es escaso. La más floja de las tres que degusté. 

Scottish Ale E. 80
La Waffe Scottish Ale E. 80 tiene 5,5 % de alcohol y fue 3er premio del Concurso internacional de cerveceros en Rosario, en 2005. Espuma duradera y cremosa de color marrón claro.  Una cerveza bien clarificada, color marrón oscuro, bien brown con presencia del rubí. Aroma frutado y especiado (cercano a la pimienta negra) con notas a banana, manzana y caramelo. Sabor dulce con inyecciones de amargor hacia el final que hacen que la cerveza esté bien equilibrada entre la malta y el lúpulo. Un volumen de alcohol justo. Impresión general: excelente cerveza, con un premio bien merecido, lo mejor de la cata de esta noche. 
Destaco que entre cata y cata he lavado la copa y bebí agua para poder diferenciar los aromas y sabores. Un día de calor (como me tocó al momento de la cata, 40º C) cualquier cerveza fresca viene al pelo (más allá de que con el frío también se pierdan algunos aspectos del aroma y el sabor). Pienso que cualquiera de estas cervezas combina perfectamente con una picada de fiambres frescos, pero se lleva todos los aplausos la Scottish Ale. También agrego que estando en Villa General Belgrano había probado la Waffe de Trigo y, en aquel momento, me fascinó. En total, suman 7 estilos. Para los que visiten el Valle de Calamuchita no dejen de probar esta cerveza. Dirección de correo electrónico: waffe.bier@gmail.com y en facebook: waffebier.cerveza